CATÁLOGO

Fantasía

22,25

ISBN: 978-84-10481-10-7

Nº de páginas: 352

Género: Clásicos

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Sinopsis

Un escenario variopinto, una fantasía sensual e imaginativa y dos mujeres, amigas y opuestas; una historia de quienes quieren y de quienes se dejan querer.

 

Nápoles, finales del siglo xix. Lucía Altimare y Caterina Spaccapietra son amigas desde el colegio, y lo seguirán siendo llegada la edad adulta, a pesar de que tienen temperamentos muy diferentes. Caterina se casa con Andrea nada más acabar los estudios: ella es buena y obediente, y él es el hombre que su tía ha elegido para ella. Lucía, en cambio, no cree en el amor ni en el matrimonio; es inteligente, fantasiosa y creativa, y acaba casándose también, pero con alguien a quien no ama. Sin embargo, el amor es pasión, y una vez desatada, incluso la amistad más fuerte puede verse en entredicho…

Reseñas de este libro:

  1. Libros de Seda

    Blog literario Lecturas de Undines. Reseña completa: https://lecturasdeundine.blogspot.com/2026/06/resena-fantasia-matilde-serao.html
    Fantasía es una delirante, turbulenta y apasionada novela romántica; una obra que fue publicada originalmente en 1883 en forma de libro por la editorial Casanova de Turín. Según asegura la crítica, esta obra significó la segunda incursión en la narrativa de larga extensión por parte de Matilde Serao, quien contaba con veintisiete años en aquel momento, lo que le permitió consolidarse como escritora. La novela, además, había visto la luz ese mismo año por entregas en el diario Capitan Fracassa de Roma, una práctica habitual en la narrativa encuadrada en el género del folletín. Algo que no debe extrañar, ya que Serao, que fue una gran profesional del periodismo, tuvo un vínculo muy estrecho con muchos periódicos importantes de su tiempo.
    De hecho, la novela va engullendo paulatinamente al lector. Este, hipnotizado por la tempestuosa historia que narra la autora, que está a la altura de otras grandes obras realistas y naturalistas del siglo XIX, avanza ávidamente página a página hasta llegar al impactante punto final. Atención: esta no es una lectura para sensibilidades débiles, ya que es una historia que transita por la oscuridad más absoluta, con un leve y efímero soplo de luz.

    Sin embargo, quienes compartan mi pasión por la narrativa decimonónica de marcado carácter verista y romántico, disfrutarán adentrándose en esta obra. Y digo más, puedo asegurar que quienes sean admiradores de obras como Madame Bovary de Flaubert (1856/57); Anna Karenina, de Tolstói (1878), La Regenta, de Clarín (1884/85) o, incluso, El inocente👈, de Gabriele D’Annunzio (1892), encontrarán en Fantasía muchos paralelismos conceptuales con estas otras novelas.
    Aun así, el texto de Matilde Serao sorprende por su originalidad. Enmarcado en las últimas décadas del siglo XIX, y ubicado en diferentes localizaciones como Nápoles, Caserta o la pedanía de Centurano, la historia pone bajo el microscopio la salud de una amistad entre dos mujeres, una relación de toda la vida, que navegará por mares tempestuosos. La fidelidad, la constancia o la sinceridad entre las dos damas son puestas a prueba con gran tino por la novelista ante los ojos del lector.
    Novela eminentemente de personajes, la profundidad psicológica y el trabajo de Serao a la hora de perfilar a sus protagonistas es excepcional. En ese sentido, Fantasía posee una galería de figuras realistas de excepción. Qué duda cabe, que entre todas ellas sobresale Lucía Altimare, una de las dos figuras femeninas principales, cuyo protagonismo va cobrando interés a lo largo de la novela por su conducta extravagante, voluble y perturbadoramente atrayente.
    Con todo y con ello, los personajes masculinos también llaman la atención, siendo el caballero afectado por la tisis el que pone, paradójicamente, la nota de humor en la historia. Y este aspecto irónico del texto, indica que la escritora tenía un hábil ojo crítico y una intención analítica del contexto sociopolítico de su época.

    Es más, la novela en sí, como si de la famosa obra cervantina por excelencia se tratara, ofrece una crítica mordaz contra la burguesía napolitana decimonónica, contra las costumbres románticas y las influencias perniciosas que obraba la literatura en la mente femenina.

    Otro de los aspectos claves de Fantasía es su alto valor estético. Decía líneas arriba que la trama pasea al lector por diferentes lugares de la Campania italiana finisecular. En este contexto, Matilde Serao introduce a su público en los salones aristocráticos napolitanos para conocer las convenciones sociales de la ciudad; también lo transporta al Palacio Real de Caserta para ofrecer una crónica del progreso sociopolítico del lugar, y se adentra en los hogares, teatros e iglesias napolitanas para transmitir cuál era el ritmo de la alta burguesía. Esta es una urbe que creció bajo el amparo de los Borbones cuando pertenecía al Reino de las Dos Sicilias y fue decayendo tras la unificación italiana de 1861, cuando subió al trono la casa de Saboya, que es el momento en el que se desarrolla la novela que nos ocupa hoy.
    Fascinante, adictiva y emocionalmente perturbadora, la novela Fantasía de Matilde Serao no es realmente una historia folletinesca intrascendente, sino un refinado y profundo análisis psicológico sobre las pasiones desbordadas en un contexto sociológico.

    Gustave Flaubert (1821-1880)

  2. Libros de Seda

    Blog literario Marta entre libros. Reseña completa: https://martaentrelibros.com/2026/06/12/fantasia-matilde-serao/
    Serao nos presenta a dos mujeres que no pueden ser más distintas entre sí. Por un lado tenemos a Caterina Spaccapietra, una muchacha sencilla, dócil, llena de bondad, con un físico que no destacaba ni por hermosa ni por fea y que nunca se ha salido del camino establecido para ella. En el lado opuesto tenemos a Lucia Altimare, una muchacha muy bella y esbelta, inteligente, profundamente religiosa, muy fantasiosa y proclive a la exageración.

    Sin duda alguna el personaje de Lucia es el eje de toda la historia. Tengo que reconocer que, al principio, me parecía insufrible con sus exaltaciones de ánimo, esa pasión con la que habla al tiempo que vive con cierta indolencia casi sin disfrutar de la vida. Pero poco a poco vas entrando en su juego y acabas rendida a sus pies, como todo aquel que la conoce. Se nota que la autora ha construido muy bien el personaje, dotándole de matices y contradicciones.

    El resto del elenco, a pesar de quedar bastante ensombrecidos por la luminosidad de Lucia, cumplen a la perfección su papel. Hay que hacer una breve mención a Alberto Sanna, primo de la protagonista, y que por su salud enfermiza genera alguna que otra situación cómica dentro del tono marcadamente dramático de la obra.

    Por último hablar un poco del estilo narrativo de la autora. Serao utiliza una prosa muy potente, a veces incluso excesiva, pero esto nos permite explorar mucho más profundamente los sentimientos de sus personajes. Ya que lo más importante en Fantasía son las distintas relaciones personales y cómo estas van evolucionando a medida que pasa el tiempo.

    Otra historia que no te dejará indiferente y que podemos disfrutar ahora gracias a la impecable traducción de Noelia Pousada Lobeira, quien nos deja un buen número de notas a pie de página que contribuyen a reforzar la narración.

  3. Libros de Seda

    Artículo en Eldiario.es. Enlace: https://www.eldiario.es/cultura/libros/fantasia-novela-amigas-adelanto-elena-ferrante-120-anos_1_13421251.html
    Y es que Matilde Serao, además de cultivar la ficción, fue una periodista extraordinaria, una figura clave de la Italia de la época. Junto a su marido, Edoardo Scarfoglio, también periodista, fundó varios periódicos, entre ellos Il Mattino, en 1892, que se convirtió en el más leído del sur del país. Escribió crónicas tan brillantes como El vientre de Nápoles (1884), una radiografía de la sociedad napolitana, sin temor a señalar sus carcomas (la pobreza, el hambre, la corrupción, la fiebre por la lotería, la usura), un retrato vívido que todavía resuena en el Nápoles contemporáneo (y en otros lugares del mundo).
    enía olfato para detectar la raíz de los conflictos enquistados, arrojo para denunciarlos y estilo para contarlos sin perder el nervio literario; de ahí que sus reportajes todavía se lean hoy como el gran despliegue de periodismo literario que son. Había tenido un referente en casa: su padre, un periodista italiano que se exilió por discrepancias políticas. Por ese motivo, Matilde nació en Grecia, de donde era su madre, aunque la familia no tardó en volver a Italia, donde creció en medio de estrecheces económicas –el periodismo no era un oficio bien remunerado–, en un Nápoles donde los trabajadores malvivían y las mujeres, limitadas en sus opciones profesionales, se desgañitaban para sacar los hogares adelante.
    Antes de volcarse en la escritura, trabajó como maestra y telegrafista. Con veinte años, comenzó a colaborar con la prensa: sus artículos llamaron la atención porque se fijaba en aquello que otros preferían no ver, a saber, la miseria, las condiciones laborales indignas, la violencia, la desnutrición, el machismo.

    En particular, era una observadora atenta del comportamiento humano: le interesaban las personas, ir de lo personal a lo colectivo: mujeres, niños, obreros, desarraigados, pobres, delincuentes; su lupa estaba puesta en los marginados por la sociedad dominante. Tenía el don de dotar sus escritos de una emoción bien medida, una hondura íntima nada habitual en un género que por lo general tiende a adoptar un tono aséptico. Esta calidad la acercó más a los lectores.

    Sus coetáneos vieron que tenía talento. Además, poseía algo aún más importante si cabe: una disciplina de trabajo implacable, fruto de los años de escasez en su niñez y juventud. Se casó, tuvo cuatro hijos, se convirtió en una madre trabajadora a tiempo completo, se divorció. Prosperó, y, sin dejar el periodismo –llegó a cubrir la guerra desde la posición de las mujeres–, desarrolló una prolífica carrera literaria, con más de treinta novelas y numerosos relatos, en los que, en consonancia con sus artículos, se ocupaba sobre todo de los “invisibles” de la sociedad. Escribió incluso unos tempranos guiones cinematográficos, que por desgracia fueron destruidos por el régimen fascista.
    De esa extensa producción, apenas disponemos de un puñado de títulos traducidos, por eso es de agradecer que la editorial Libros de Seda, dentro de su espléndido catálogo de clásicos –donde comparte colección con Selma Lagerlöf, Elizabeth Gaskell y María de Zayas, entre otras–, sume ya tres libros suyos: La tierra de la abundancia (1891), La bailarina (1899), y, desde este año, Fantasía (1883), su segunda novela.
    En las primeras páginas de Fantasía, dos colegiadas, a punto de terminar la educación secundaria, leen en voz alta sus redacciones. Ambas han escrito sobre una mujer histórica, pero con enfoques distintos: mientras que Caterina Spaccapietra ha reproducido poco más que la crónica oficial de su vida, la soñadora Lucía Altimare ha ahondado en el lado íntimo e incluso le ha dado un enfoque protofeminista. Al profesor, sin embargo, no termina de convencerle ninguna: mientras que a Caterina le reprocha su falta de imaginación, de Lucía considera que es demasiado fantasiosa.

    Esta anécdota simboliza las diferencias entre las dos chicas, dos mujeres muy distintas pero unidas por la amistad. Ya entonces tienen claro qué camino van a tomar: Caterina espera casarse y llevar la existencia monótona pero estable de una madre ama de casa, como era habitual en las mujeres de la época; Lucía, por el contrario, no quiere saber nada del matrimonio y desea consagrarse a una actividad que le permita hacer el bien por la humanidad, siempre dentro de las posibilidades de las mujeres, quizá trabajando en el ámbito de la beneficencia o como maestra.

    Pasa el tiempo, y reencontramos a ambas convertidas en aquello que querían, más o menos. Caterina está casada, tiene hijos y se dedica en cuerpo y alma a complacer los caprichos de su esposo, un hombre que no aprueba su amistad con Lucía. Esta, por su parte, no se ha casado, pero no se puede decir que haya encontrado el solaz; su rumbo está a punto de cambiar. La narración sigue a ambas amigas a lo largo de los años, una obediente y pasiva, la otra díscola e imprevisible. Solo que –y esto lo enseñó muy bien Elena Ferrante– a veces los roles hipotéticos se intercambian, y ahí es donde reside la prueba de la verdadera amistad.

    Bajo este argumento centrado en la relación de ambas mujeres con el amor –al fin y al cabo, en el siglo XIX no podían concebir grandes futuros que no pasaran por el altar–, late una crítica social que, más allá de señalar la opresión de las mujeres y las carencias de su educación –las escenas en la escuela las muestran entre clases de religión, labores y redacción, con profesores más pendientes de su dimensión moral que del aprendizaje–, indaga en el poder de las decisiones para forjar nuestro camino, esa búsqueda personal entre las normas que impone la sociedad y la (en este caso escasa) libertad de elección individual. También, aunque desde la perspectiva actual resulte instintivo conectar de inmediato con la amiga irreverente, invita a valorar las cualidades del carácter de cada una, porque, como en toda buena novela, no son personajes maniqueos y evolucionan.

    Fantasía, en la tradición de la mejor narrativa social del siglo XIX, narra una historia más rica de lo que puede parecer de entrada. Para Matilde Serao, el conflicto amoroso es un pretexto para cuestionar los imperativos sociales; y las protagonistas femeninas, una manera de penetrar en la psique de las mujeres y demostrar que su mundo es más amplio de lo que se pretende hacer creer. Todo ello, con una prosa elegante, llena de pasajes de un lirismo evocador, y con ciertos toques de humor. Una lectura de las que hacen leer como antes: con pasión, con ganas de seguir pasando páginas; una lectura que tiene crítica, pero no olvida las emociones ni el carisma.

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